Friday, September 24, 2010

NOSOTROS LOS HISPANOS


Muchos pero dispersos...
por Juan Carlos Maimone



Más allá del estupor y desasosiego que ha causado la nueva Ley destinada a los ilegales en el Estado de Arizona y que lentamente se está expandiendo en la Unión Americana, una gran mayoría de hispanos en cada uno de los rincones de esta gran nación, mantiene firme la esperanza de una amnistía por momentos tan ansiada como demorada.
                                          
Un tema para nada fácil en mano de las autoridades gubernamentales, sobre todo si tenemos en cuenta la desinformación que caracteriza a muchos de los legisladores norteamericanos sobre un tema tan espinoso y que a pesar de ese desconocimiento, opinan y deciden.

Sin embargo; pienso que esta circunstancia política no nos exime de la responsabilidad de saber por qué o cómo se origina este conflicto – grave para muchos – y que toma carácter de vigencia recién por estos días…

Una fuerte mayoría de los que hoy sufren esta suerte de persecución, desconoce una realidad tangible que se llama seguridad y que no es un detalle menor para el gobierno de los Estados Unidos. No es menos inquietante el hecho de que más de 12 millones de indocumentados existan circulando libremente por el país, sin que nadie sepa dónde o cómo y mucho menos a que se dedican. Ni hablar de los tantos que abundan con documentación fraguada.

No obstante, lo más alarmante - y por qué no intolerable - es la falta de unión o solidaridad que existe entre los hispanos a la hora de enfrentar distintas circunstancias...



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Es evidente que la raíz de este mal, está en los sistemas políticos que instauró en América Latina el colonialismo español y nada menos que durante tres siglos. Los vicios de ese arcaico método aún no se han logrado erradicar y los pueblos hispanos siguen buscando un salvador.

Esto produjo especialmente en América Latina, el modelo de la víctima inocente, cimentado en la idea de que los males naturales se deben a una conspiración (generalmente norteamericana) convirtiendo el fracaso en una virtud, la vagancia en un derecho y la violencia en un trámite permitido contra la supuesta injusticia del sistema.



Es la población hispano-parlante la que siempre busca un protector, un líder personalista, un benefactor, un presidente o alguien que le solucione los problemas, cuando en realidad, somos nosotros mismos los responsables de encontrar la salida o el destierro de los fantasmas, basados en la unión, reducto insoslayable de la fuerza.

A través del tiempo, nos hemos caracterizado por la detracción del líder en vez de imitarlo, por la íntima alegría del fracaso ajeno y por anteponer la nacionalidad por sobre la raza y sus causas.

De allí que con el caso Elían González, sólo los cubanos salieron a la calle a pesar de haber sido una causa de todos y en la misma medida, a los cubanos no les interesan las marchas de protesta por la Ley inmigratoria, porque tienen ese problema resuelto de antemano. En otras palabras, vivimos inmersos en el sálvese quien pueda y en el que me importa el prójimo, con los resultados a la vista.




 En este sentido, los afro-americanos nos han dado en el tiempo, un ejemplo irrefutable de lo que logra la unión y aún siendo un poco más que la mitad de los hispanos en la nación, han alcanzado logros que lindan con el dominio, enarbolando siempre la palabra “discriminación”, que si existe, es sólo mental, para nada ejecutable, pero siempre efectivamente utilizable.


Esta circunstancia que por tener carácter de absoluta vigencia es innegable, los ha posicionado a la vanguardia en todo los niveles, mientras nosotros – la mayoría más numerosa e importante de la Unión – seguimos clamando por justicia cada uno por su lado, siempre en desconocimiento o soslayando las necesidades de los demás, pero por sobre todas las cosas, olvidando cuántos somos y lo que podríamos hacer juntos.

Así las cosas y sin ponernos de acuerdo, clamamos por una Ley de Amnistía que puede ser la salvadora de muchos, aunque si se logra, la olvidaremos al otro día, para volver a ser los nómadas de siempre, recordando en todo caso de dónde venimos, pero sin saber jamás hacia adónde nos dirigimos…



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